¿Quién no se siente interpelado o interpelada, a esta altura de la historia, por la palabra “desaparecido”?, ¿a quién no lo atraviesa en algo de su vida, en la de su pueblo?
“Desaparecidos” los nombramos acá, en Chile, Uruguay, y tantos pueblos más. “Levantones” les andan diciendo por México. “Disappeared” les dicen los mismos Estados que se unieron para perpetrar las dictaduras militares en América Latina: Estados Unidos.
Ese horror planificado, que es la desaparición forzada, es mundial. Por eso el 30 de agosto se conmemora el Día Internacional del Detenido-Desaparecido. Se pone en memoria ese delito y sus víctimas. Acá no sólo se llaman 30.000, sino también Marita Verón, Fernanda Aguirre, Julio López y Luciano Arruga, entre tantos otros.
Vamos construyendo las maneras de nombrar las ausencias, pero de modo que digan más, que abarquen ese otro mundo posible que huele a olla popular, que suena a Silvio Rodríguez, que se toma con mate, que se hace con pañuelo blanco, con ronda en la plaza, que se defiende con tomas de escuelas, que se busca con el ADN, que se alza en gritos de rebeldía en todos los compañeros.
Hay quienes dicen que “testimonio” significa el recuerdo de la víctima, su memoria. Y que “recordar” es volver a pasar por el corazón. También dijo una compañera durante su testimonio que en los juicios no sólo se recuerda, sino que además se revive todo. Los cientos de testigos están volviendo a pasar a diario por el corazón los horrores más profundos, están reviviendo, a través del relato, los hechos que los hacen víctimas.
Esta semana Juana Sapire se puso la camiseta por el Juicio y Castigo y se sentó frente a los desaparecedores de su compañero, Raymundo Gleyzer, para decirles que ella “no soportaría una vida con tanta indignidad”, como la de los genocidas. En el juicio a ocho represores de El Vesubio dijo: “A ellos habría que preguntarles. Me gustaría mucho que ellos me digan a mí qué pasó con Raymundo, ellos lo sabrán”.
Pero ellos son dueños del silencio de siempre. Que desespera, que enoja, que llena de rabia a la memoria, que es la perpetuación del poder de la información, de la verdad para cada familiar que exige que hablen y le cumplan su derecho a saber dónde están sus hijos, madres, padres, hermanos…
Ellos lo saben, como dijo Juana, como dijo Vero, Charly, Emilio y van diciendo todos los compañeros, a medida que dan su testimonio. Pero ahora hay jueces entre ellos y nosotros, escuchando a los testigos, impartiendo Justicia, diciendo qué es lo que se puede hacer y qué no en materia de Derechos Humanos. Y eso es reparador para toda la sociedad. De eso hablamos cuando decimos Juicio y Castigo.
H.I.J.O.S.
Viernes 3 de septiembre de 2010.
Radio Editoriales
Juicio y Castigo
Macri: las listas negras también son ilegales
Repudiamos la criminalización de la protesta por parte del Gobierno de la Ciudad. Su Ministerio de Educación emitió una medida propia de la dictadura: la orden para que los directores de los colegios hagan listas con los nombres de los estudiantes que protestan para entregarlas a la policía.
Esta práctica es propia del terrorismo de Estado y nuestro país ya le dijo nunca más. El mismo Ministerio que orquestó las escuchas ilegales ahora pretende que se hagan listas negras de estudiantes, como en la dictadura. No vamos a permitir esto y somos categóricos: las listas negras son un mecanismo de delación y persecución política.
Con nombre de libertad
Qué linda se siente la libertad cuando Francisco se sienta en un bar de alguna esquina de la ciudad, a leer el diario y tomar un café, sabiendo que ese es su nombre y que es hijo de Abel Madariaga y Silvia Quintela.
Los extrañamos mucho
Lo extraño es un concepto amplio, que nos deja en un limbo entre la distancia, lejanía, ausencia, de un lado, y la rareza, del otro.
Somos hijos e hijas de miles de hombres y mujeres que lucharon por hacer justo cada instante de lo cotidiano. Y los extrañamos mucho. A todos, hasta a los que no conocimos. Los extrañamos y queremos, porque nos imaginamos la vida juntos.
El genocidio duró siete años, pero dejó consecuencias para siempre
Los genocidas de la última dictadura cívico-militar comenzaron a ser juzgados: ya hay más de 100 de ellos en los Tribunales de todo el país. Pero todavía falta juzgar y condenar a muchos de ellos y a los ideólogos del plan económico, político, social y cultural que implementaron con el genocidio. Ese modelo que se orquestó desde los mismos sectores que hoy no quieren discutir la redistribución de la riqueza material y simbólica: la Sociedad Rural Argentina, la Iglesia Católica, los monopolios de la información, entre tantos otros. Y ahora, más de 30 años después, son esos mismos sectores los que salieron a combatir y demonizar dos leyes aclamadas por el pueblo: la que permite el matrimonio igualitario y una ley de medios de la democracia.
La sangre no miente
Hace ya un poco más de 33 años, las Madres empezaron a reunirse en la Plaza de Mayo. Estaba prohibido, pero fueron igual, porque les habían arrancado a sus hijos e hijas y eso vuelve valiente hasta al más cobarde.
Los productos Ledesma están manchados con sangre-¡pasalo!
Hace 34 años ocurrió "La noche del apagón" en Jujuy: en plena dictadura, durante las noches del 20 al 27 de julio de 1976, se provocaron cortes de luz en distintas localidades, con el objetivo de secuestrar estudiantes, militantes políticos y sociales, gremialistas, entre otros. Y el 27 de julio de ese año los genocidas secuestraron a 400 de ellos y los trasladaron en los camiones de la empresa Ledesma hacia el mismo ingenio azucarero, donde fueron interrogados y torturados. 30 de ellos continúan desaparecidos.
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