Hay quienes dicen que lo imaginario es la condición de posibilidad. Y acá estamos, desde hace 15 años, luchando por hacer posible lo impensado, por descoser todos los mantos del olvido, por seguir haciendo crecer la memoria fundada por los pañuelos blancos.
Las madres, abuelas y padres de la Plaza de Mayo nos demostraron que con lucha podemos acercarnos a la verdad, que no somos los perdedores de la historia sino los que nacimos de la muerte. Somos lo inesperado, los hijos de miles de hombres y mujeres que creían que la militancia y el compromiso con un proyecto de vida eran el camino a seguir para construir un futuro para todos.
Somos hijos de esa misma historia. Y también responsables de la que vendrá. Por eso decimos que a los genocidas los juzga un Tribunal, pero los condenamos todos.
Los Juicios a los represores los conseguimos entre todos y no fue nada fácil. Costó mucho, pero no hubieran sido posibles sin la condena social del pueblo. Esa misma que esta semana permitió la captura de un represor prófugo, gracias a la denuncia de un vecino. Así, pudo ser detenido el teniente coronel retirado del Ejército Guillermo González Chipont, imputado por el secuestro y torturas a tres estudiantes universitarios, que en 1976 estuvieron en el Centro Clandestino de Detención "La Escuelita".
El Juicio y Castigo a los genocidas es mucho más que los Juicios en los Tribunales. Porque hoy seguimos siendo víctimas de las consecuencias del modelo económico, político, social y cultural que implantaron con la dictadura. Un ejemplo diario son los miles de jóvenes víctimas del gatillo fácil y las torturas en comisarías, como Luciano Arruga.
Juzgar a los genocidas es juzgar un proyecto político: el del plan de exterminio y robo de niños de los militares y civiles que sostuvieron la dictadura.
Desde H.I.J.O.S. decimos que cuando hay Justicia tenemos un sentimiento reparador: saber que los asesinos, violadores, torturadores, desaparecedores y apropiadores son condenados alivia; por supuesto que no se lleva los dolores, pero ayuda. Porque marca el terreno de lo posible y de lo que no lo es, marca hasta dónde se valora la vida y hasta dónde se condena robarla.
En los Juicios se revive todo. Cada cual a su modo. Los Juicios tienen su lenguaje, que de a poco vamos asimilando, sin perder la subjetividad: lo que para la Justicia se llaman delitos, para nosotros son torturas y violaciones, lo que para la Justicia son víctimas para nosotros son -sobre todo- compañeros, lo que para la Justicia son imputados para nosotros son genocidas.
Son Juicios históricos a los asesinos del pueblo. No todos, pero sí algunos. Menos de los que deberían ser, más de los que fueron hasta ahora. Y están gozando de todos sus derechos.
A las compañeras y compañeros los reivindicamos en la lucha y en los Juicios, porque vuelven en cada uno de nosotros, como cuando alguno pone los dedos en ve frente a los genocidas que escuchan los testimonios.
Cuando nacimos como H.I.J.O.S., salimos a la calle con la consigna que decía: “Si no hay Justicia, hay escrache” y parecía lejano llegar a estos Juicios. Pero de a poco fuimos demostrando que lo imposible sólo tarda un poco más.
H.I.J.O.S.
Viernes 14 de mayo de 2010
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