Son los mismos. Y su proyecto de país es el mismo que hace 30 años: un país para pocos, con dependencia económica, criminalización de la protesta y la pobreza.
Pero nosotros también somos los mismos. Porque los 30.000 viven en nuestra lucha. Y eso no pudieron matarlo, como tampoco podrán hacer eterno el secuestro de los 400 jóvenes que todavía no conocen su identidad.
Son las mismas abuelas las que hoy siguen buscando a sus nietos, somos los mismos hijos que los que luchamos por el Juicio y Castigo a los genocidas, son los mismos padres y madres las que exigen saber qué pasó con sus hijos, son los mismos compañeros los que siguen luchando: somos todos nosotros, reivindicando la lucha de los 30.000 y luchando por un país para todos.
Y ellos son los mismos de siempre. Los Macri, los Clarín, los Pérez Companc, los Blaquier, los Bussi, los Videla, los abogados al servicio de la impunidad, los policías que asesinan pibes en la calle, los torturan en las comisarías y desaparecen a López. Son los mismos represores los que hoy callan toda la verdad sobre los 30.000 y sus hijos nacidos en cautiverio: se sientan en los Tribunales, defienden el genocidio, amenazan a los jueces, nombran a los que consideran sus “enemigos” actuales, como el músico Andrés Calamaro. ¿Hay dudas de que la mayor inseguridad son los genocidas impunes, caminando por las calles; los mismos que practicaron un plan sistemático de exterminio?
Pero nosotros no somos como ellos, no basamos nuestras vidas en la muerte y la tortura. No: la basamos en la lucha, la vida, la resistencia, la vida entre compañeros, la alegría de encontrarnos luchando por lo mismo, de abrazarnos, de disfrutar los encuentros, de ir a la Plaza, de tomar mate y reírnos toda una tarde. La basamos en ser felices, a pesar de ellos. Y eso es indestructible.
H.I.J.O.S.
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