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miércoles , 08 sep 2010

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Último parte de la batalla de la ESMA

Por Oscar Taffetani
Mastil de plaza de armas cortado Recorrer la Plaza de Armas... desarmada (¡hasta el mástil para la Bandera se llevaron!). Recorrer las salas y salones con los techos y vidrios rotos (deliberadamente rotos). Y las duchas y vestuarios a los que arrancaron caños, cables, tableros de electricidad.
Abrir hermosas puertas de madera noble, a las que les robaron picaportes y herrajes. Ver lavatorios sin canillas. Ver mingitorios rotos. Salir a caminar por calles internas del predio con nombres de marinos (calles donde lo mejor que queda en pie son los árboles) y tener una sensación de déjà vu. "Ya hemos visto esto antes", pensamos.

Sí, claro. Lo vimos en la isla Martín García, otra ex base naval, que luego de firmarse el Tratado del Río de la Plata, en 1973, debió ser desalojada por la Marina, para convertirse en reserva natural intangible. Los encargados de desmontar y retirar las "propiedades navales" de la isla tomaron el recaudo -como en tiempos de guerra- de inutilizar cualquier clase de instalación, de estropearla para evitar que la usara el "enemigo".
¿Y quién era el enemigo de la Marina en el Tratado del Río de la Plata? nos preguntamos. ¿Acaso las instituciones civiles argentinas, nacionales y bonaerenses, que se harían cargo de la isla? ¿Acaso república hermana del Uruguay, dueña del espacio fluvial que rodea Martín García?
¿Y quién es el enemigo de la Marina en el caso de la ESMA?
Aquí, la respuesta (aunque las autoridades de la fuerza naval no la expresen con palabras) sería más o menos la misma: son las instituciones civiles; son esos organismos de derechos humanos y esos sobrevivientes del horror que le ganaron en el tiempo, con tenacidad e inteligencia, una batalla cultural a la dictadura.
Todo bien por arriba: el almirante Jorge Godoy, jefe de la Armada, firmando diplomáticamente el documento de traspaso de la ESMA. Y la ministra de Defensa, Nilda Garré, declarando a la prensa: “La Marina respondió a las expectativas y las cosas se cumplieron en tiempo y en forma..."

techos como colador

Todo mal por abajo: porque salvo las construcciones que quedan más a la vista -por ejemplo, el Casino de Oficiales- el resto fue desarbolado y desguazado como lo hubiera hecho un ejército en retirada.
Además, en el predio de 17 hectáreas de la ESMA, un insólito cerco de chapas seguía dividiendo (por lo menos, hasta ayer miércoles 3 de septiembre de 2007) el área que la Armada estaba dispuesta a ceder para el Museo y para los espacios de derechos humanos de la otra área, en la que pretendía que siguieran funcionando algunas escuelas técnicas y de guerra.
Al personal municipal afectado a limpiar el predio de la ESMA le dijeron que ese muro de chapas galvanizadas no se podía trasponer, ya que había "peligro de derrumbe" (quien esto escribe lo tomó como una suave advertencia mafiosa, y prefirió no pasar).
El futuro de un pasado
La ESMA, recordemos, tiene 32 importantes edificios. El casino de oficiales y ciertos lugares emblemáticos de la época del horror (la Capucha, la Capuchita, etcétera) son una pequeña parte. ¿Qué pasará con el resto? ¿Se lo convertirá todo en "Espacio para la Memoria y para la promoción y defensa de los Derechos Humanos", como dice el documento oficial firmado por la Nación y la ciudad de Buenos Aires?
Podría ser. Y no tenemos nada que objetar al respecto.
Sin embargo, nos gustaría aclarar que "Derechos Humanos", en un mundo con creciente exclusión, con hambre, con racismo y con otras formas execrables de genocidio, es un concepto que merecería desplegarse en toda su extensión, no limitándolo a los crímenes de la última dictadura.

ventanas robadas

La ESMA es un emblema, triste, de ese pasado reciente. Y como tal, merece un esfuerzo de transformación simbólica. Una re-significación, que comporte un mensaje perdurable, útil a las generaciones actuales y, sobre todo, a las que vendrán.
Qué hermoso sería una "Ex-ESMA" convertida en gran escuela de artes y oficios, en gran espacio para talleres diversos, que liberen la creatividad de distintos colectivos étnicos, artísticos y culturales.
Qué hermoso sería una "Ex-ESMA" convertida en sede de un gran Foro de los Derechos Humanos, en donde estén representadas TODAS las fundaciones, TODOS los organismos y TODAS las entidades que han demostrado con su trayectoria y su lucha ser fieles a esas consignas y esos programas.
¿Es utópico este deseo?
Tal vez. Pero la utopía, como sabemos, es el relato futuro. Lo contrario de ese relato sería la árida descripción del presente: simples partes de guerra redactados por bandos en pugna.
Dejamos para otra vez nuestras conjeturas sobre la nueva radicación de la ESMA, en terrenos cercanos a la villa La Cava, en San Isidro. La Escuela de Mecánica de la Armada se estaría acercando, así, a la zona del Tigre, donde funcionó su primera sede (allí donde se probó como alumno, sin suerte, un tal Ceferino Namuncurá)

ventanas robadas

Con el tiempo, la ESMA -que sigue purgando por ese nefasto período en que la condujeron asesinos de uniforme- irá recobrando la finalidad perdida.
Y tal vez (no nos privemos de sugerirlo) ya sería hora, para la Armada, de que cambie el nombre de ese instituto.
Porque el peso simbólico y la connotación negativa de "ESMA" es lo único que en su táctica de tierra arrasada los soldados de la Marina no han podido arrancar de las paredes, no han podido lavar como la sangre, ni blanquear.

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derecha  mas 1/14  izquierda
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Fotos: C. Nahuel Baglietto

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